Impresiones sobre CK2

La primera impresión que ofrece el juego es que la interfaz debería actualizarse.

Debería existir un consejero del personaje que se está jugando, de forma que sirviera de guía al jugador, para evitar tiempos muertos así como para alertar de los cambios que una decisión puede provocar en el juego, sin perjuicio de que ello conllevaría una reducción de la dificultad actual del juego.

Para progresar rápido se deben tomar decisiones desde el inicio, conquistando territorios una vez iniciada la partida pues los reinos atacados no han podido obtener un elevado número de levas.

Parece que se transmite correctamente la lentitud en la preparación y desarrollo de las guerras, exigiendo la recaudación previa de dinero y el reclutamiento de levas.

El juego requiere estrategia incluso en el despliegue y movimiento de tropas. Tras varias partidas se advierte que antes de convocar levas, el botón correspondiente de cada provincia avisa de las tropas que pueden generarse.

Debe jugarse también con las fechas estimadas de llegada de tropas a su destino, cuando se está moviendo, puesto que la colocación de los soldados en el mapa y el despliegue de las figuras recuerda al ajedrez.

En el desarrollo de las batallas conviene consultar el destino de los ejércitos aliados y la fecha de llegada al mismo. Es posible que acudan a la provincia de reagrupamiento de las unidades del reino de forma que la suma del propio ejército y del de los aliados permite crear una fuerza más numerosa.

Debe prestarse atención a la existencia de consejeros herejes, pues su presencia disgusta al papa y a aliados católicos del reino.

En caso de querer declarar una guerra, o recibir declaración de guerra, es muy útil solicitar al Papa la excomunión del rival antes de convocar los aliados. Una vez obtenida la excomunión los aliados apoyarán la causa, puesto que se está luchando contra un rival excomulgado.

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